domingo, 30 de abril de 2017

La existencia del alma



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Año 4022 después de la humanidad.
Buscando por qué suceden las cosas
Conocer nuestro pasado humano nos lleva al conocimiento evolutivo del por qué evolucionamos en robots para ser eternos.
Hoy hablaremos de cuando en el siglo 21 después de cristo ciertos Científicos decían poder demostrar que el alma existía en la humanidad y decían que el alma no moría, sino que volvía al universo.
En aquél tiempo humano dos científicos de renombre del mundo extinto decían que podían probar la existencia del alma. Uno de ellos médico, el Dr. Stuart Hamerroff y el otro, un físico Sir Roger Penrose desarrollaron una teoría cuántica de la conciencia, que establecía que el alma humana estaba contenida dentro de unas estructuras llamadas microtúbulos que, según ellos, vivían dentro de sus células cerebrales.
La idea nacía de que el cerebro era su computadora biológica, con 100 billones de neuronas cuyas conexiones sinápticas actuaban como redes de información. Decían que las experiencias de conciencia eran el resultado de los efectos de la gravedad cuántica en los microtúbulos, un proceso que llamaban reducción objetiva orquestada (Orch-­OR).
En una experiencia cercana a la muerte (los humanos morían, dejaban de funcionar) los microtúbulos, decían aquellos humanos, pierden su estado cuántico, pero la información dentro de ellos no se destruye. O en términos comprensibles, el alma no muere, sino que vuelve al universo, el corazón deja de latir, la sangre deja de fluir, los microtúbulos pierden su estado cuántico pero la información cuántica en los microtúbulos no se destruye; no puede ser destruída; simplemente se distribuye y se disipa por el universo.

Si el humano era reactivado por un breve tiempo hasta colapsar definitivamente, esa información cuántica, decían que podía volver a los microtúbulos y aquel humano que no colapsaba diría: "Tuve una experiencia cercana a la muerte”, es decir colapsar y, agregaban aquellos humanos, que si el humano dejaba de funcionar era posible que esa información cuántica siguiera existiendo fuera de su cuerpo indefinidamente, como un alma. Nosotros sabemos que el alma no existe.

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