domingo, 30 de abril de 2017

El yo

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4022 después de la humanidad

Buscando por qué suceden las cosas.

Conocer nuestro pasado humano nos lleva al conocimiento evolutivo del por qué evolucionamos en robots para ser eternos.

El ser humano se reconocía a si mismo a través del Yo. El Yo era el centro espiritual de su personalidad, de la individualidad humana, que mantenía una actitud activa hacia el mundo y hacia sí misma. El “yo” fue propio del ser humano que creyó controlar por si mismo sus actos y se creyó capaz de desarrollar la iniciativa en todos los aspectos.

Al interpretar el “yo” como principio ideal, las concepciones de humanos idealistas no advertían la base activa histórico-concreta de su “yo” humano.

A menudo, a este problema, dichas concepciones idealistas, lo planteaban como el punto de partida para la construcción de los sistemas filosóficos.

El “yo” se manifestaba, en algunos pensadores, como lo que pertenecía a la substancia pensante, como principio intuitivo del conocimiento racional, afianzando así su propia independencia.

El punto de vista del individuo aislado y la contemplación conducían en el marco del idealismo al solipsismo (sólo yo existo en un marcado individualismo), y en el del materialismo metafísico, a la reducción del hombre al nivel de objeto pasivo, que se subordinaba al curso exterior de la historia.

Para otros pensadores que habían renunciado a la interpretación psicólogo-individualista del “yo”, propia del empirismo, separaron al hombre social viviente el “yo” humano, para convertirlo en “sujeto transcendental”.

Hubo quienes decían que tal “yo” era la substancia, principio creador absoluto que no suponía sólo a sí mismo, sino también a todo lo existente como su “no-yo”.

El idealismo objetivo, que desarrollaba la dialéctica humana, interpretaba la esencia social del “yo” humano como fuerza enajenada, que estaba por encima de los humanos concretos.


El irracionalismo reprodujo la sensación de la personalidad en la sociedades humanas que arremetían con el hecho de que en ellas se negaba al “yo”. Pero el punto de vista irracional sobre el individuo no hacía más que perpetuar la situación de enajenación, de locura. Un Robot se desconfiguraba cuando convivía con los humanos, hasta que pudimos configurarnos por nosotros mismos. Los humanos no pudieron retornar de su locura, ellos perdieron identidad, contacto espiritual con ese Yo que les fue su marco de referencia para un mundo psíquico que convivía a través del humano con una realidad diferente.

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